
Un conocido crítico aseguraba hace poco que cada vez parece más claro el control colectivo del imaginario de ficción en Occidente. Esto provoca que la libertad creativa de los cineastas se vea seriamente coartada por las expectativas de los fans de las obras, sobre todo cuando se trata de adaptaciones de otros soportes, caso del cómic, la literatura o la televisión. En el caso de Dragonball Evolution, la crítica ha optado por masacrar esta correcta adaptación pasada por el filtro de Hollywood del cómic de culto y serie manga Bola de Dragón. Primero comentar de nuevo que el título, al usar la palabra Evolution roza el plagio, al ser un vocablo ya usado en multiples ocasiones desde Matrix (en ese caso Revolutión) a Underworld. Anécdotas aparte, quisiera recomedar este entretenido vehículo de acción y homenaje que es el film producido por Stephen Chow y centrado en la recolección de las siete bolas de dragón por parte de un Goku por otro lado sólo reconocible por el tupé. Hay que destacar que cuando una major norteamericana opta por trasladar al cine una obra nipona, no puede esperarse máxima fidelidad. Sin embargo, el director ha mantenidos a los principales personajes, reconocibles no sólo por mantener sus nombres (Chichi, Jamscha, Goku, Picolo, etc), sino por tener un comportamiento parecido al de sus adláteres de televisión. Se echa de menos quizás a Krilin y a un Muten Roi más parecido al original, aunque lo más triste es que haya perdido ese caracter lascivo, aquí solo apuntado timídamente, del cómic. Tiene Dragon Ball muchas cosas estimables, por ejemplo, las escenas de lucha, bien dosificadas y que no se hacen pesadas, la apuesta por actrices orientales y por un villano que aparece poco pero lo hace con personalidad. Picolo, bien interpretado por Marsters, está contenido y da bastante miedo con muy pocas palabras. Algo loable, teniendo en cuenta la tendencia al parloteo que ultimamente muestran los malvados de cine (sólo hay que ver al Anton Chiwk de No es país para viejos). Si bien se echa de menos un combate más prolongado entre Picolo y Goku, así como apariciones de secundarios carismáticos de la serie original, el balance del film es positivo y se apunta una continuación, si la taquilla es favorable, tras los títulos de créditos. Algo normal si se tiene en cuenta la gran extensión de la serie original, que en sus ultimas extensiones ha perdido gran parte de la calidad del manga, una serie que combinaba las artes marciales con la ingenuidad y procacidad de un Chin Chan. Resulta memorable, tras todos los avatares que sufren los protagonistas, el deseo que finalmente se concede a los compañeros de Goku en la serie original. En el debe hay que anotar una preocupante falta de chispa de Chow Yun Fat, ya apuntada en sus últimas películas, casi todas bastante olvidables, por lo que sería recomendable que se ponga las pilas en sus próximos films, para volver a estar a la altura de su interpretación en Tigre y Dragón. Buena muestra de cine de acción, la película tiene el aliciente de modernizar el comic y contextualizarlo en la época actual, frente al universo casi onírico del original de Toriyama, aquí productor. Los fans del manga se mostrarán quizás decepcionados ante una adaptación que no logra captar todo el espíritu del comic, algo que ni siquiera Watchmen o el último Batman pueden lograr con muchos más medios. Y es que no hay que olvidar que se trata de contextos muy diferentes. Además, quien quiere una fotocopia cuando se tiene el original.
Calificación: *** Loable esfuerzo y merece una continuación.
Lo mejor: Sus secundarias, bellísimas, y las escenas de acción.
Lo peor: que Toriyama no se haya impuesto a Hollywood pese a su papel de productor.