jueves, 22 de octubre de 2009

Los ojos, ventana del alma

El secreto de tus ojos, el último film del argentino Campanella es un ejercicio excepcional de buen cine en la línea de la sobresaliente filmografía de este director, que ha hecho de Ricardo Darín con toda justicia su actor fetiche y que nos devuelve la esperanza en el cine argentino. Un cine que siempre ha tenido un arsenal potente de buenos realizadores e intérpretes (la saga Alterio sin ir más lejos) pero que en ocasiones ha sido ninguneado por un público, el español, que ve con desconfianza cualquier película en habla no inglesa. No debe haber recelos ni suspicacias en este relato que arranca como un thriller y deviene en película romántica con trazos de denuncia social sobre los problemas judiciales y sociales argentinos en los últimos 20 años. Sostenido por un guión sin apenas mácula, si aparcamos el exceso final innecesario por rebuscado, el film se sostiene en unas interpretaciones exquisitas y una gran ambientación -excelente la recreación del estadio de Huracán-, junto con unos diálogos y una construcción de personajes impecables. Del talento de Campanella, refrendado en San Sebastián aunque sin premio, ya teníamos noticia, ademas con los mismos actores -El mismo amor, la misma lluvia-, con lo que no resulta una sorpresa. Es por tanto un film delicioso, a la antigua usanza, donde las miradas cuentan, el montaje con los flash backs no resulta un estorbo e incluso el cierre final resulta elegante. Una joya del cine de las que perduran.
Calificación: ****. Roza la obra maestra.
Lo mejor: Las interpretaciones de Darín y Villamil, soberbias.
Lo peor: la sorpresa final, algo rebuscada, aunque estremecedora.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Un ejemplo más, y sólo hace 2 meses


Y este título se ganó a final de agosto. No hace tanto ¿verdad?

Calma y tranquilidad


Contra la crisis de resultados y juego, memoria para los pesimistas.

Ágora: Amenabar mira a las estrellas


Es Ágora un film que por esperado (más de dos años desde la última función de su director) y por sus dimensiones (el más caro del cine español hasta el momento)  corría el riesgo de defraudar las expectativas de muchos. Y en cierta forma, entre los críticos, lo ha hecho, aunque en mucha menor medida de lo que se podía esperar de los voraces depredadores que siempre andan a la caza de encontrar esa película que por fin "no da la talla" o "no alcanza la altura" de la filmografía anterior de un gran director. Se ha instalado un cierto consenso entre los críticos de que, siendo un gran film, la película no consigue emocionar o empatizar como otras del director español. Tal vez no contribuyen a ello los grandes planos aéreos de las persecuciones, que distancian al espectador de la tragedia que viven los alejandrinos -de todas las religiones, aquí todos acaban recibiendo palos y muriendo ordenadamente por sus distintas religiones-. Como comenta mi amigo Lorenzo, todos los recursos de dirección que acaban por distraer de la historia resultan a la postre redundantes, como si el director quisiera dejar una impronta que no es necesaria. La ambientación, decorados y demás dan el pego como en una superproducción de Hollywood y los amantes de las pelis de romanos no quedarán decepcionados por ese lado, si bien la violencia está muy medida y se abusa del recurso aéreo. Se trata de un gran film que no empequeñece la filmografía de su director y que nos confirma que el cine español deber perder el miedo a las grandes inversiones si se hacen de forma inteligente. Una de las pelis que merece la pena ver este año y que deberían hacerse un hueco en los Oscars, incluso en apartados técnicos, aprovechando que se ha rodado en inglés.
Calificación: ***. Muy digna, pero su incapacidad de empatizar le roba una estrella.
Lo mejor: Weitz y el atrevimiento de Amenábar para cambiar de género.
Lo peor: La falta de emoción y los personajes masculinos, algo desdibujados. 

Veni, vidi, vici


Llegué, ví y vencí. La frase atribuida a Julio Cesar podría aplicarse perfectamente a la firma de discos de Chenoa el pasado lunes en Málaga: llegó, vio y venció. Durante casi dos horas atendió con  gran amabilidad y una sonrisa deslumbrante a todos los fans que se pasaron por Vialia: jóvenes, mayores y niños, todos pudieron llevarse un autógrafo y una fotografía con esta cantante que no ha perdido su sencillez y su amabilidad y que encima estaba wapísima. Lo cierto es que de cerca y al natural (al contrario que con muchas otras artistas), Chenoa gana muchísimo. Y encima sabe cantar. El día 20, en la Vivero, lo volveremos a comprobar.