viernes, 1 de mayo de 2009

La vida sigue igual

El problema de The international es que después de dos horas de intensa búsqueda, investigación y diversas muertes más o menos violentas, la vida sigue igual. La Banca, ese ente abstracto que es dueña del mundo, no puede derribarse por los embates de un concienzudo agente de la Interpol, en este caso el intachable Clive Owen, ya que eso no es el mundo real. El salto a Hollywood de Tykwer, meritorio director de Corre Lola, corre, se ha hecho con notable pulcritud, pero se echa de menos más acción, más Bourne en una intriga correcta pero que finalmente se resuelve de forma apresurada, eso sí, tras haber paseado las cámaras por medio mundo. El guión de The international pretende descubrir grandes conspiraciones, y es meritorio atreverse a plantear el problema de los bancos encubridores del tráfico de armas y el blanqueo de dinero. Pero ese problema es conocido y al final no se está descubriendo nada nuevo, antes bien, se caen en ciertos tópicos (esa familia de industriales italianos por ejemplo) y sobre todo se desperdicia el gran talento de Naomi Watts, que al final de la función es apartada con rudeza del eje de la acción. Se ve este film sin demasiados problemas, pero en su última parte decepciona y nos lleva a pensar que Tykwer ha claudicado antes intereses mayores.  Aún así, nos hace pasar un buen rato y nos permite un viaje por media Europa y por entresijos de la banca internacional.
Calificación: *** Interesante pero fallida.
Lo mejor: Owen se cree su papel y lo intrepreta con fuerza.
Lo peor: Watts está desaprovechada y el final pierde todo su interés.

La sombra es alargada

Viene La sombra del poder como adaptación americana de una brillante miniserie británica sobre los entresijos de las empresas de seguridad que se están adueñando de muchas parcelas que hasta hace poco eran únicamente pertenecientes a la seguridad pública. El gran número de bajas militares en los diversos conflictos bélicos abiertos en Oriente Medio ha llevado a los gobiernos, especialmente el americano a subcontratar diversos servicios de seguridad a empresas privadas, que como su propio nombre indica lo que buscan es el lucro. Habría que pensar si cuando hacen su trabajo de forma irregular la culpa es de esas empresas o en realidad de quien las contrata, que es el Estado, y que fue quien se metió en esas guerras de las que ahora no puede salir. La película de MacDonald va más allá y plantea la inquietante duda de que pasaría si una sola empresa privada se hiciera con gran parte de la seguridad que debe estar en manos de la Administración pública. Con un póquer de actores de primer nivel (incluyendo los oscarizados Crowe y Mirren y un contenido Affleck) esta excelente película lo es no tanto por la calidad de sus interpretaciones como por atreverse a poner sobre la mesa los peligros que nos han traído aquellos polvos convertidos en lodos. MacDonald pone en la termo mix varios géneros: el policiaco, el thriller, el de investigación periodística... y en todos se desenvuelve bien, aunque si hay que reprocharle algo, además de la excesiva duración de la función, es un final algo forzado que acaba desviando la atención de los verdaderos culpables. Se trata no obstante de un ejercicio excelente de dirección y guión y cuenta con unas interpretaciones muy dignas, entre las que destaca la de Adams en el papel más desagradecido de la historia. Hacen falta más historias valientes que muestren al gran público adonde quieren llevarnos estos políticos que ahora nos distraen con mascarillas y fiebres porcinas.
Calificación: **** Muy por encima de la media.
Lo mejor: Denunciar el peligro que supone dejar los servicios públicos en manos privadas.
Lo peor: Una duración excesiva y un final atenuado.

Toda la carne al asador

¿Quién dijo que el cine español estaba muerto? Durante varias semanas Mentiras y gordas ha estado en el número uno de la taquilla y esta semana la sustituye Fuga de cerebros, que pasó con gran éxito de público por el Festival de Cine Español de Málaga. También resiste en el Top Ten la simpática Al final del camino, así que quizás los directores se están dando cuenta de que además de sofisticados dramas tipo Almodóvar (quien por cierto según crítica y público ha patinado en su última aventura fílmica), los espectadores quieren nuevas tramas, gente joven y actores con gancho, a ser posible provinientes de la televisión. La última película del támdem Albacete-Menkes ha conseguido atraer de forma masiva a las salas a un público que hasta ahora huía del cine español como de la peste: el adolescente. Y lo ha hecho con los tres temas que más preocupan a los jóvenes con picores: el amor, el sexo y las drogas. De todo eso hay mucho en Mentiras y gordas, la mayor reunión de actores y actrices jóvenes de la tele que se haya visto en la pantalla grande. La apuesta era arriesgada y les ha salido bien porque, visto lo visto, la película tiene muy poquito que ofrecer. Suerte de documental sobre una típica localidad costera en vacaciones llena de pastilleros y jovencitos locos por meterse mano, Mentiras y gordas no pasará a la historia por su guión, ni por sus interpretaciones, ni por su fotografía, sino por haber vislumbrado una tercera vía para la industria española. Aquella que, salvando las distancias, ya descubrió George Lucas a finales de los 70: el enorme potencial adolescente y del boca a boca para llenar salas. En este caso los espectadores no van a ver una historia, van a ver a sus actores y actrices favoritas meterse mano. Y con razón: Ana de Armas es guapísima, y lo mismo puede decirse del resto del elenco, para ambos sexos. A veces, algunas películas no necesitan justificación, se justifican por sus logros. Mentiras y gordas es una de ellas. Bienvenida.
Calificación:*** Por su arriesgada apuesta.
Lo mejor: Tiene claro sus bazas y las juega.
Lo peor: es el no-cine, sin guión, sin historia y jugando las cartas sentimentaloides.