En su afán por alimentar al algoritmo, Disney parece haber olvidado que la magia de George Lucas no residía en la cantidad, sino en la mística. En este análisis, vamos a explorar si la sobreexplotación de la galaxia muy, muy lejana está expandiendo el universo o, por el contrario, lo está haciendo colapsar bajo su propio peso.
La trampa del algoritmo. Cantidad vs Mística
Cuando un suscriptor de Disney+ entre en la página de inicio de la plataforma, lo primero que encuentra en la división temática entre Disney -clásico-, Pixar, etc. Y entre ellas, como una clasificación más, se encuentra Star Wars. Esto, que puede parecer baladí para el suscriptor medio de la plataforma, es parte del problema para muchos seguidores del starwarsverse. ¿Es el universo creado por Lucas hace casi 50 años una engranaje más del conglomerado mediático, cada vez más elefantiásico, de Disney? Esta no es una discusión nueva, puesto que la pérdida de la mística ya se convirtió en objeto de debate con el estreno de la segunda trilogía dirigida por Lucas, y en ese caso aún podías alegar que se trataba de la visión de su creador, el cual está en su derecho de conducirla por lo derroteros que más le interesaran, incluyendo su explotación comercial. Lucas explicó en su momento que sus objetivos con la nueva trilogía eran, entre otros: uno; básicamente abrirla a las nuevas generaciones, cosa que consiguió con creces pese al disgusto de cierta parte de la crítica y de sus seguidores más nostálgicos y aferrados a las películas originales. Y dos, llevar su univcrso cinematográfico hasta unos límites que hasta entonces la técnica cinematográfica no había llegado. Muchos parecen olvidar que el episodio II se convirtió en el primer film de la historia en la que todos y cada uno de sus fotogramas fueron retocados de forma digital.
Esta disyuntiva se multiplicó por 1000 con la venta de Lucasfilm a Disney. Muchos lo vieron como la única solución lógica al inexorable paso del tiempo que llevaba su creador a la jubilación, y pensaron que pese su paso a un lado, el autor original conservaría algún tipo de control, cosa que se demostró luego imposible ante el paso a la televisión y la creación de un subuniverso dentro de Star Wars: el de tener que explicar hasta el detalle más nimio del universo original.
El síndrome del fanservice vacio
Es posible, aunque me parece que nunca lo haya confesado expresamente, que Lucas previera una circunstancia que no existía en la trilogía original: el gigantesco auge de Internet y las redes sociales y su impacto colosal sobre todos los fenómenos mainstream de la segunda decada del siglo XXI. Las películas ya no se ven y no se comentan como hace 30-40 años. Ni de lejos. Cuando se estrenó en unas pocas salas de Estados Unidos el episodio IV en mayo de 1977, fue el boca a boca el que provocó un cataclismo cultural sin precedentes que transformó de arriba a abajo la industria del cine, para disgustó de muchos. El cine y sus derivados nunca volvió a ser el mismo. Nadie puede pedir que se repita un impacto semejante que afectó a toda una generación de espectadores y cineastas, incluso por oposición. Aún hoy en día muchos aficionados al cine se siguen autodividiendo entre admiradores de Star Wars y personas a las que sólo causa indiferencia y que incluso presumen de no haber visto nunca las películas originales, cosa que siempre me ha hecho extrañarme de cuál es su criterio para desdeñarlas.
Si queremos centrar el debate, uno de sus aspectos más importante es si Disney está contando historias nuevas que interesen a las espectadores originales y atraigan a sus hijos y nietos o simplemente se está limitando a usar personajes viejos en cameos para generar una nostalgia barata que alimente los contenidos multiplataforma. La Morfología del Cuento de Propp sigue siendo un clásico que enumera 31 acciones diferentes provocadas por la acción en los cuentos que se repiten en todas las historias, lo cual nos llevaría a la vieja pregunta de si realmente se puede hoy en día y con el agravante de la Inteligencia Artificial (IA) producir relatos originales. Creo que el problema no viene por ahí, sino por la disyuntiva de los guionistas entre crear nuevas historias que interesen pero que no pierdan el alma del universo creado por George Lucas. Pocas cosas más difíciles que equilibrar lo antiguo y lo moderno para dar un producto coherente que contente a una base lo más amplia posible.
La pérdida de una visión unificada y el oasis de calidad
El ocaso de los dioses: ¿Hacia dónde va la galaxia?
Al final, el problema de Disney no es que haya fallado en entender Star Wars, sino que ha fallado en entender el silencio. La Fuerza, en su concepción original, era algo místico que requería paciencia y espacios en blanco para que la imaginación del espectador pudiera florecer. Al intentar iluminar cada rincón de la galaxia, al explicar cada origen y saturar cada año con tres estrenos diferentes, han terminado por domesticar lo que antes era salvaje y sorprendente.
Star Wars no necesita más contenido; necesita más sentido.
Si la Casa del Ratón no aprende a soltar el acelerador y a permitir que la saga vuelva a ser un evento y no una rutina, corremos el riesgo de que la mayor epopeya de nuestra era termine convertida en simple ruido de fondo. Porque una galaxia que está en todas partes, al final, termina por no estar en ninguna. La pregunta no es si la Fuerza sigue ahí, sino si aún queda alguien capaz de escucharla entre tanto estruendo comercial.
¿Ha perdido Disney tu confianza como fan o crees que todavía estamos a tiempo de una redención? Te leo en los comentarios

