martes, 3 de noviembre de 2009

(500) días juntos


Una comedia que ha conseguido al aplauso unánime de la crítica sin que yo haya conseguido descubrir por qué.  Empezando por el título con esos inexplicables paréntesis. Se trata de una comedia romántica bastante al uso con la única peculiaridad de que aquí hay una pareja en la cual sólo uno de los miembros está enamorado y la otra parte se deja querer, llegando a ser odiosa para el espectador. "Empújala, empújala por el barranco" llegó a oirse en el patio de butacas ante la maravillosa interpretación de la Deschanel, de impronunciable nombre Zooey. A mi sin embargo se me hizo insoportable el protagonista: es un gilipollas. No existe otra palabra para describir a un arquitecto que se dedica a escribir frases para tarjetas y que cree que está destinado a encontrar el amor verdadero por arte de magia. Pero el gran problema de este film es su condición de comedia que no consigue hacer reír: ni media sonrisa. Debería considerarse una dramedia: comedia+drama. Y resulta un poco pesado esa estructura a base de flash backs and flash forwards. En resumen, un título altamente sobrevalorado y que demuestra el divorcio entre el público (yo)  y la crítica.
Calificación: **. Sí, críticos, han leído bien.
Lo mejor: El trabajo de Deschanel. El mensaje de que una relación sólo funciona si los dos quieren.
Lo peor: Sus ínfulas y el personaje del protagonista, insufrible.

Con Woody, la cosa casi siempre funciona


Es la última comedia de Woody Allen una excelente noticia por varias razones. La primera y más básica porque se trata de una excelente comedia, que reconcilia al espectador con el género y la carcajada. Esto no es baladí porque nos estamos malacostumbrando a calificar de comedias a films que no consiguen hacernos reir, lo cual es el fin principal de una comedia. Y no basta con una sonrisa o media carcajada: la buena comedia debe tener gags o diálogos que provoquen una convulsión en el estómago y que nos hagan reir con ganas. Si la cosa funciona, la última función de Allen, lo consigue. La segunda razón obedece a la recuperación por una parte de los escenarios neoyorkinos por parte de Allen, que le han permitido realizar algunas de sus mejores films, y por otra parte y más en general, a la recuperación del buen tono cómico del propio Allen, cuyos últimos films europeos habían hecho flaquear ligeramente su filmografía. A la espera de Banderas y Hopkins, Allen ha pergeñado un excelente film coral en torno a Larry David y a una encantadora Eva Rachel Wood, que pese a bordar su papel no puede evitar que su historia con el gruñon David flaquee por increible. La transformación de los padres de Wood en la función es tan desternillante que tampoco importa su inverosimilitud. Estas libertades que se toma Allen -¿quien dijo que un film tienen que ser realista- no obstaculizan la vis cómica del plantel, con excelentes secundarios como mandan los canones de Allen. Un film excelente que no llega a obra maestra pero que deja con muy buen sabor de boca.
Calificación: ***. La falta guión para tener otra estrella.
Lo mejor: David y los padres de Wood.
Lo peor. Nadie se cree el matrimonio de los protagonistas. Un final feliz algo insulso.