jueves, 25 de diciembre de 2008

El intercambio

Resulta difícil hablar de la última película de Eastwood y no hacerlo con estusiasmo. Es tanta la calidad de este mito viviente, tanto en su papel como director como en la intérprete, que una eventual bajada del listón de su calidad resulta incómoda para cualquier crítico. Y es que la peor película de Eastwood es muchísimo más buena q la gran mayoría de las que se estrenan en cines. Bajo el estandarte de basado en hechos reales, este desgarrador por momentos y edulcorado al final drama de una madre a la que roban a su hijo y que lucha hasta el final por recuperarlo nos trae la buena noticia de una excelente interpretación, casi solista, por parte de Angelina Jolie. Que la Jolie es buena actriz y de raza no es nada nuevo, pero en estos tiempos de escasez de buen cine y de buenas interpretaciones se agradece como agua de mayo. Dejando aparte un look discutible por recargado (y achacable a la moda de la época en la que se sitúa el film), el papel de la Jolie rebosa madurez y apenas hay por donde pillarla en un renuncio. Sobrio y emotivo cuando debe serlo, el film se sostiene en la actriz. ¿Dónde está entonces el pero? Quizás en la forma de contar la historia, o en la excesiva sobriedad de la puesta en escena, que por otra parte cuenta con una ambientación soberbia y muy conseguida. La película nos llena de horror por la brutalidad y la corrupción policial, pero no acaba de emocionar como debería, excepto en algunos pasajes. Los secundarios están correctos pero no excelentes. Le falta un algo para ser una película redonda, y sin embargo, el sello Eastwood la eleva mucho más alla de la media norteamericana de este año, a la espera de ese Gran Torino donde dicen el actor vuelve a dar el do de pecho. La esperamos con ansia para ver si Eastwood vuelve a elevarse como un cometa y darnos una obra algo más completa.
Lo mejor: Jolie y que es una de Eastwood
Lo peor: una cierta indefinición en su realización, algunos personajes poco logrados.
Calificación: *** No se arrepentirá.

Ultimátum a la tierra

Ultimátum a la tierra es la nueva película del decaído (al menos en taquilla) Keanu Reeves y que supone la enésima versión de un film de culto preexistente, en este caso su homónimo Ultimátum a la tierra (1951), una pelicula que nació como serie B y que conquistó con justicia su sitio en la historia de la ciencia ficción fílmica. En su momento supuso un hito por su carácter pacifista, ya que el argumento se centraba en la amenaza nuclear. En estos tiempos de lo políticamente correcto se ha sustituido a las bombas por el cambio climático y Reeves toma el relevo de Klaatu, el alienígena original, con una interpretación quizás demasiada hierática, un poco en la línea de Matrix, donde también tardó lo suyo en mover las cejas a la hora de declamar sus líneas. La película da, lamentablemente, mucho menos de lo que podría, y ni siquiera el reclamo de unos efectos especiales absolutamente menguados y desaprovechados consiguen levantar la moral del espectador, que de por si suele venir a estos films prácticamente entregado. Si hay un genero con seguidores fieles es el de la ciencia ficción (basta citar Star Wars) y en este caso la hierática mirada de Reeves no consigue conmover ni convencer más que a la siempre correcta ganadora del oscar Jennifer Connelly. Ha llovido mucho desde sus correrías con Bowie en Dentro del Laberinto, pero el encanto y la belleza de Connelly (esa mirada inocente que no ha perdido con el paso de los años) siguen sin defraudar a sus numerosos fans. Por otro lado decepcionan el hijo de Will Smith como hijo de la Connelly en la ficción (a la espera de su prueba de fuego como nuevo Karate Kid sin el inolvidable Pat Morita) y el escaso espacio ofrecido a John Cleese, un actor al que sus directores se empeñan en ningunear (caso de la saga Bond). Por su parte Kathy Bathes, ofrece un solvente aunque poco creíble al mismo tiempo papel de representante del presidente de Estados Unidos, que aquí ejerce de hombre invisible porque no cuenta con un sólo fotograma. Con todo, la dirección de actores no se revela como el principal problema del film: su director Scott Derrickson realiza sus deberes de forma funcionarial, y en todos los aspectos: guión, dirección de actores, efectos especiales... da menos de lo que la idea merece. Pues si bien no hay nada original aqui (para eso se trata de un remake), el punto de partido si daba para bastante más. Al final la cosa se queda en un remedo de El Día de Mañana (Roland Emmerich) con muchas menos escenas espectaculares. Sin embargo, nos congratula que aunque sea de manera superficial, el mensaje de que el cambio climático es real (pese a lo que digan algunos ex presidentes) y nos afecta a todos. 
Calificación: *** (No lo lamentará).
Lo mejor: paradojicamente, la simpatía que despierta el robot que ayuda a Klaatu y la mirada limpia de Connelly.
Lo peor: dar menos de lo que propone y la inmovilidad de cejas de Reeves, que nunca acaba de creerse su papel.

martes, 23 de diciembre de 2008

Bolt, el perro speedico

Corren nuevos tiempos para la animación, sobre todo desde la irrupción de Pixar y Dreamworks, y ultimamente, desde la toma de control de Disney por parte del ex jerifalte de Pixar, John Lasseter, que ha decidido hacer limpia e insuflar nuevos aires al departamento de animación tradicional, el embrión de Disney y una de sus últimas vacas sagradas. Bolt es el primer largometraje de animación fruto de la nueva dirección. Muchos animadores de la vieja escuela se han llevado las manos a la cabeza ante la irrupción del ex jefe de Pixar, y creen que se va a desnaturalizar el último bastión de la animación más o menos tradicional que quedaba en Hollywood. No hay para tanto. Lo cierto es que la animación de Disney estaba anclada y había perdido mucho fuelle desde la irrupción de Pixar, que no dejaba de ponerla en evidencia. Los fracasos de sus últimos estrenos, que no se han acercado siquiera a la brillantez de un Rey León o un Pocahontas, por citar las últimas viejas glorias disneyanas, han hecho dar un cambio de rumbo, que se empieza a reflejar en esta película, que retoma a unos personajes que hubieran sido muy del gusto del viejo Walt. Sin abandonar su tono moralizante y ejemplarizante que han sido santo y seña de la casa (y que también le han valido críticas y el alejamiento de un cierto sector del público), pero con más adrenalina y nuevas formas de animación, Bolt es un híbrido que todavía no permite juzgar el alcance de las reformas que implantará Lasseter. La historia juega al viejo truco del cine dentro del cine, como ya hiciera Schwarzenegger en la injustamente devaluada El último gran heroe: un heroe de ficción que no sabe que sus hazañas son en realidad parte de la magia del cine. Junto a el, un fan y una descreida heroina pegada a la realidad le darán un baño de idem. La película se sostiene en las conseguidas escenas de acción y en un ritmo que no decae casi nunca. Sin embargo, llama la atención que lo más atractivo sean unos personajes secundarios, las palomas (impagables Les Luthiers, excelente elección para la versión doblada) que acaban robando planos de forma descarada a los protagonistas. En resumen, un buen film de animación para todos los públicos al que le falta la magia de un poner, La Bella y la Bestia. La moda de quitar canciones a las películas de animación, asentada por Pixar, ha traido un cine de anime paradójicamente mas adulto, más sobrio, conmejores guiones, pero nos ha robado buenos musicales y ha quitado magia a uno de sus últimos reductos. Veremos por donde tira Lasseter en los próximos años, pero su apuesta puede ser reduccionista, y convertir a Disney en un Pixar de serie B. Aún está a tiempo de rectificar. 
Lo mejor: Los diálogos con las palomas.
Lo peor: que se puede olvidar con facilidad.