martes, 23 de diciembre de 2008

Bolt, el perro speedico

Corren nuevos tiempos para la animación, sobre todo desde la irrupción de Pixar y Dreamworks, y ultimamente, desde la toma de control de Disney por parte del ex jerifalte de Pixar, John Lasseter, que ha decidido hacer limpia e insuflar nuevos aires al departamento de animación tradicional, el embrión de Disney y una de sus últimas vacas sagradas. Bolt es el primer largometraje de animación fruto de la nueva dirección. Muchos animadores de la vieja escuela se han llevado las manos a la cabeza ante la irrupción del ex jefe de Pixar, y creen que se va a desnaturalizar el último bastión de la animación más o menos tradicional que quedaba en Hollywood. No hay para tanto. Lo cierto es que la animación de Disney estaba anclada y había perdido mucho fuelle desde la irrupción de Pixar, que no dejaba de ponerla en evidencia. Los fracasos de sus últimos estrenos, que no se han acercado siquiera a la brillantez de un Rey León o un Pocahontas, por citar las últimas viejas glorias disneyanas, han hecho dar un cambio de rumbo, que se empieza a reflejar en esta película, que retoma a unos personajes que hubieran sido muy del gusto del viejo Walt. Sin abandonar su tono moralizante y ejemplarizante que han sido santo y seña de la casa (y que también le han valido críticas y el alejamiento de un cierto sector del público), pero con más adrenalina y nuevas formas de animación, Bolt es un híbrido que todavía no permite juzgar el alcance de las reformas que implantará Lasseter. La historia juega al viejo truco del cine dentro del cine, como ya hiciera Schwarzenegger en la injustamente devaluada El último gran heroe: un heroe de ficción que no sabe que sus hazañas son en realidad parte de la magia del cine. Junto a el, un fan y una descreida heroina pegada a la realidad le darán un baño de idem. La película se sostiene en las conseguidas escenas de acción y en un ritmo que no decae casi nunca. Sin embargo, llama la atención que lo más atractivo sean unos personajes secundarios, las palomas (impagables Les Luthiers, excelente elección para la versión doblada) que acaban robando planos de forma descarada a los protagonistas. En resumen, un buen film de animación para todos los públicos al que le falta la magia de un poner, La Bella y la Bestia. La moda de quitar canciones a las películas de animación, asentada por Pixar, ha traido un cine de anime paradójicamente mas adulto, más sobrio, conmejores guiones, pero nos ha robado buenos musicales y ha quitado magia a uno de sus últimos reductos. Veremos por donde tira Lasseter en los próximos años, pero su apuesta puede ser reduccionista, y convertir a Disney en un Pixar de serie B. Aún está a tiempo de rectificar. 
Lo mejor: Los diálogos con las palomas.
Lo peor: que se puede olvidar con facilidad.

1 comentario:

Marioti dijo...

¿Cómo q se puede olvidar con facilidad?? Pero bueenoo!! a mí no se me olvida!! jaja!! Estuvo genial!! Lo q me pude reir! Un besoo* Q bonita verdad... lo mejor: cómo realza el valor de la amistad...