jueves, 16 de abril de 2009

A Galicia me voy

La nueva película de Roberto Santiago, Al final del camino, tiene muchas cosas en común (y no es broma) con la última de Woody Allen. Primero, su carácter indudable de vehículo de promoción turística, en este caso del Camino de Santiago, con el apoyo de la Xunta. En su segundo, su carácter de comedia con pinceladas agridulces (aquí menos patentes que en la de Allen), que toma la forma de una serie de parejas en crisis que hacen el Camino con un gurú (desaprovechado Diego Peretti, que apenas abre la boca durante todo el film) y con una falsa pareja de periodistas empeñados en hacer un reportaje sobre el susodicho gurú. El problema de Santiago es que ha cogido a una serie de actores carismáticos de la comedia televisiva y los ha puesto a hacer exactamente los mismos papeles que hacían en televisión: Alterio, Tejero, Mora (el gitano de El síndrome de Ulises sigue igual de cargante con esas carcajadas que no vienen a cuento), Gutiérrez... Para ese viaje no hacían falta alforjas. Claro que la vis cómica de Alterio y Tejero no es fácil de reprimir y la peli es de carcajada fácil. Las escenas con la nínfula quinceañera lavandose los dientes son realmente ocurrentes y algunos gags despiertan sanas carcajadas, lo cual es más de lo que consiguen muchas comedias norteamericanas. Con esquema de comedia romántica clásica (en en la línea de La fiera de mi niña), con la pareja que se odia y acaba enamorada, Al final del camino supondrá una decepción para los que esperaban una obra de autor de Santiago, un cineasta que prometía una mirada personal en sus inicios y que en este film se banaliza, quizás de forma voluntaria, en aras a llegar a más públicos. No hay duda de que esta comedia no arrasará en los Goya, pero es simpática, se deja ver con alegría, tiene momentos de auténtico humor y sirve de lucimiento para los hermosos paisajes gallegos y sus protagonistas. 
Calificación: *** Graciosa, pero intrascendente.
Lo mejor: el duo Alterio-Tejero y las escenas del cepillado de dientes.
Lo peor: que el cineasta se banalice y el desaprovechado personaje de Peretti.

A todo gas 4

La saga Fast and Furious llega a su cuarta entrega y con la extraña decisión de no adoptar su título español original (A todo gas), una manía que está llevando a dejar los títulos ingleses en un afán de esnobismo como si todo lo americano fuera sinónimo de calidad. En esta ocasión, la productora, encabezada por su protagonista Vin Diesel, retomó la peli original en una suerte de auténtica secuela con los mismos protagonistas. De esta forma, se borran las entregas 2 y 3 (la tercera sobre todo fue bastante infumable) y con la escena final se da pie a futuras entregas. Pero no adelantemos acontecimientos.
La película tiene todos los ingredientes de la original y fascinará a los amantes del tunning y la velocidad, mientras que a los demás, los que busquen un guión potente y una historia interesante, puede resultarles repetitiva, no sólo por repetir esquemas muy parecidos a las anteriores, sino porque las interpretaciones son muy planas, sobre todo la de Walker, un actor que hasta el momento sólo ha mostrado sus limitaciones, frente a un Diesel que se come la pantalla con su papel de duro con corazón y ansias de venganza. Hay bellezones espectaculares, coches de ensueño, amor y sobre todo escenas de persecución realmente espectaculares, que son la gran baza del film. En este aspecto, la peli no desmerece a la original, aunque para este tipo de escenas, sigue sin ser superada la gran Ronin de Frankenheirmer. Para todos los amantes de coches sin control y grandes trompazos, A todo gas 4 será una delicia. Para los demás, es un vehículo, nunca mejor dicho de entretenimiento, para pasar un buen rato.
Calificación: *** Olvidable, pero con sus momentos de adrenalina.
Lo mejor: las persecuciones y los pibones.
Lo peor: su escasa originalidad y un metraje excesivo. Su vocación de franquicia.

martes, 14 de abril de 2009

¡Onda vital!

Un conocido crítico aseguraba hace poco que cada vez parece más claro el control colectivo del imaginario de ficción en Occidente. Esto provoca que la libertad creativa de los cineastas se vea seriamente coartada por las expectativas de los fans de las obras, sobre todo cuando se trata de adaptaciones de otros soportes, caso del cómic, la literatura o la televisión. En el caso de Dragonball Evolution, la crítica ha optado por masacrar esta correcta adaptación pasada por el filtro de Hollywood del cómic de culto y serie manga Bola de Dragón. Primero comentar de nuevo que el título, al usar la palabra Evolution roza el plagio, al ser un vocablo ya usado en multiples ocasiones desde Matrix (en ese caso Revolutión) a Underworld. Anécdotas aparte, quisiera recomedar este entretenido vehículo de acción y homenaje que es el film producido por Stephen Chow y centrado en la recolección de las siete bolas de dragón por parte de un Goku por otro lado sólo reconocible por el tupé. Hay que destacar que cuando una major norteamericana opta por trasladar al cine una obra nipona, no puede esperarse máxima fidelidad. Sin embargo, el director ha mantenidos  a los principales personajes, reconocibles no sólo por mantener sus nombres (Chichi, Jamscha, Goku, Picolo, etc), sino por tener un comportamiento parecido al de sus adláteres de televisión. Se echa de menos quizás a Krilin y a un Muten Roi más parecido al original, aunque lo más triste es que haya perdido ese caracter lascivo, aquí solo apuntado timídamente, del cómic. Tiene Dragon Ball muchas cosas estimables, por ejemplo, las escenas de lucha, bien dosificadas y que no se hacen pesadas, la apuesta por actrices orientales y por un villano que aparece poco pero lo hace con personalidad. Picolo, bien interpretado por Marsters, está contenido y da bastante miedo con muy pocas palabras. Algo loable, teniendo en cuenta la tendencia al parloteo que ultimamente muestran los malvados de cine (sólo hay que ver al Anton Chiwk de No es país para viejos). Si bien se echa de menos un combate más prolongado entre Picolo y Goku, así como apariciones de secundarios carismáticos de la serie original, el balance del film es positivo y se apunta una continuación, si la taquilla es favorable, tras los títulos de créditos. Algo normal si se tiene en cuenta la gran extensión de la serie original, que en sus ultimas extensiones ha perdido gran parte de la calidad del manga, una serie que combinaba las artes marciales con la ingenuidad y procacidad de un Chin Chan. Resulta memorable, tras todos los avatares que sufren los protagonistas, el deseo que finalmente se concede a los compañeros de Goku en la serie original. En el debe hay que anotar una preocupante falta de chispa de Chow Yun Fat, ya apuntada en sus últimas películas, casi todas bastante olvidables, por lo que sería recomendable que se ponga las pilas en sus próximos films, para volver a estar a la altura de su interpretación en Tigre y Dragón. Buena muestra de cine de acción, la película tiene el aliciente de modernizar el comic y contextualizarlo en la época actual, frente al universo casi onírico del original de Toriyama, aquí productor. Los fans del manga se mostrarán quizás decepcionados ante una adaptación que no logra captar todo el espíritu del comic, algo que ni siquiera Watchmen o el último Batman pueden lograr con muchos más medios. Y es que no hay que olvidar que se trata de contextos muy diferentes. Además, quien quiere una fotocopia cuando se tiene el original. 
Calificación: *** Loable esfuerzo y merece una continuación.
 Lo mejor: Sus secundarias, bellísimas, y las escenas de acción.  Lo peor: que Toriyama no se haya impuesto a Hollywood pese a su papel de productor.

domingo, 12 de abril de 2009

Mamá, oigo susurros...

El director Alex Proyas se ha especializado en proyectos relacionados de una forma u otra con la ciencia ficción y el análisis de la sociedad en la que vivimos, fórmula que ha aplicado con desigual fortuna en El Cuervo, Yo robot y Dark City. Llega ahora con Señales del futuro, un thriller mezcla de peli de acción, suspense, intriga y catástrofes. Y el dilema que atenaza a Proyas y que impide que sea un film más memorable es el que tienen casi todos los grandes autores del Hollyood de hoy: como conjugar la visión comercial con un cine accesible para las masas, de forma que no se convierta en una aventura ruinosa para la productora. Proyas deja huellas del talento mostrado en Dark City por ejemplo en las escenas de acción, de las más espectaculares vistas últimamente, y en ciertos giros del guión, que pese a no ser un prodigio de originalidad, tiene buenos momentos de auténtico suspense a lo M. Night Shamalayan. El problema surge en los momentos en los que el film se parece más a uno de Michael Bay con el heroe justiciero y atormentado lleno de clichés que interpreta un plano Nicolas Cage. El caso de Cage es una muestra de como dilapidar un gran talento en papeles que teniendo un gran potencial son susceptibles también de ser realizados con el mínimo esfuerzo. Cage ha dejado muestras sobradas de su talento en numerosos films, caso de Leaving las Vegas o Arizona Baby, pero también se ha mostrado apático en otros más olvidables como El motorista fantasma o La búsqueda 2. Este film es un nuevo ejemplo del Cage desganado. Su interpretación disminuye la fuerza de un buen guión y paradójicamente hace más destacadas las correctas actuaciones de los secundarios. En resumen, una peli interesante que dice mucho del talento de su director y de las garras de hierro de los productores empeñados en conseguir taquillas que justifiquen las inversiones de sus 'majors'. Sin embargo , el producto final es más bueno que malo, deja un buen sabor de boca y la sensación de que no se ha perdido el tiempo. Parafraseando a Palpatine en el Episodio I de Star Wars, seguiremos la carrera de Proyas con gran interés.
Calificación: *** Buena, pero podría ser mucho mejor
Lo mejor: los desastres están filmados con enorme fuerza.
Lo peor: la desidia de Cage y un final desinflado por poco original.