Tiene David Fincher una irremediable tendencia en sus últimos y destacados films (Zodiac y este El curioso caso de Benjamin Button) a alargar en exceso su discurso, el metraje de unas peliculas que se convierten en films-río. Y esta circunstancia pesa en exceso a la hora de disfrutar de la por otra parte condenada a convertirse en clásico película de un hombre que nace viejo y se va haciendo cada vez más joven. Y digo condenada porque el film tiene el eco de las nacidas con estrella: la historia es atractiva -basada en un relato corto de Fitzgerald mucho mas duro que su clon en celuloide-; los actores están soberbios, con un contenido Pitt y una leonina Blanchett, el maquillaje y los efectos son buenos, y el guión escarba con fortuna en las paradojas de una idea tan singular. Idea que por otra parte no es original y que se encuentra en muchas historias, desde Borges hasta el propio Michael Ende, que la dejó sin desarrollar en La historia interminable. Pero ¿hay alguna idea realmente original en el cine actual, no sólo en el de Hollywood? En fin, entonces ¿cuáles son los peros? El de la excesiva longitud no es el menor de ellos. Un film, por más que los directores se crean dioses, sirve a propósitos superiores que los de perpetuarse en el tiempo: sirve al público, que para eso paga su entrada. Fincher parece olvidar que no es necesario contarlo todo, ni hacerlo con tanto detalle. Existen desequilibrios en la historia, algunas partes se cuentan con gran detalle, otras ocupan apenas segundos, y se recurre en exceso al flashback, un recurso al que Fincher se ha aficionado en exceso. Luego el personaje de Pitt aparece dibujado con una ingenuidad que le acaba haciendo antipático, un remedo de Forrest Gump, al que la vida le va tendiendo toda suerte de trampas y de las que sale con ejemplar optimismo. Los secundarios están trazados a veces de forma subordinada al personaje principal, de forma que parece, como en Gump, que todos los sucesos importantes del siglo XX tuvieron la participación de Button. Es el caso de la excelente Swinton, que tiene un affair con Button y luego hace mutis por el foro con una simple nota para reaparecer tangencialmente luego de forma inopinada. En fin, un film con hechuras de clásico, que seguramente se llevará una buena cosecha de oscars pero que dista mucho de ser redondo. Precisamente tiene las imperfecciones que conservan muchos clásicos. No todo el mundo puede hacer Ciudadano Kane. Sin embargo, para hacer estos films se inventó el cine.Calificación: **** (No se la pierda).
Lo mejor: Los sutiles toques de humor, su fotografía y maquillaje. Los actores protagonistas.
Lo pero: Se hace muy larga y abusa del flashback. Algunos secundarios se deshilvanan.