sábado, 29 de noviembre de 2008

007: Quantum of solace

El viejo Bond ha muerto: viva el nuevo Bond. Los tiempos del añorado Sean Connery  en los que el agente secreto más famoso de la historia acababa con todos los malos sin apenas arrugarse el smokin han terminado. Más violencia, más persecuciones y paradójicamente mucho menos sexo: esas son las claves en las que se maneja la refundación de la saga de la mano del viril Daniel Craig. Corren nuevos tiempos y frente a la speedica saga Bourne, la de Bond, una de las más rentables  de la historia (ya va por 22 películas), quedaba cerca de convertirse en carpetovetónica. Que importa que la dama en apuros sea una boliviana de ojos azules y acento ruso, o que los exteriores se rodasen en países diferentes de los que representan -algo por otra parte habitual, acuérdense de esa mítica escena en la playa de la Caleta de Cádiz haciendo de la Habana vieja-. La esencia de Bond sigue ahí: él contra el mundo. El director elegido, Marc Foster, parece a ratos incómodo con un material al que no está acostumbrado, tantas persecuciones -algunas de ellas, sobre todo la inicial, admirablemente rodadas- pueden llegar a saturar al espectador que todavía recuerda la etapa Connery. Sin embargo, no hay marcha atrás. Es éste un Bond más sobrio, más seco, como su martini, pero con más corazón. Démosle la bienvenida: larga vida al rey.
Calificación: *** (No lo lamentará)
Lo mejor: El momento Tosca y la persecución inicial por los tejados.
Lo peor: las bellezas, todo un signo de la saga Bond, enseñan muy poca piel.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Appaloosa: un western clásico

Es Appaloosa un western de hechuras clásicas: sobrio, seco, duro y sin estridencias, a menos que consideremos como tal la irrupción de una historia de amor con la impostada Renée Zellwegger, que no acaba de ser creíble en su papel casquivana enamorada de Harris. Una película hecha a medida por su director y productor, el propio Harris, para ser interpretada por él mismo, quizás con exceso de celo. Aparece Harris tan estirado como el inseparable rifle de su compañero, un Mortensen que recuerda incluso en la caracterización a su Alastriste, también en su carácter seco, pese a su facilidad de vocabulario. A destacar la aparición de una Ariadna Gil que aporta una dosis a partes iguales de romanticismo y pragmatismo en su relación con Mortensen, y el resto de secundarios, dirigidos con brío por Harris. En resumen, un western que bebe de los clásicos y que sin llegar a la altura de un Sin Perdón -a Harris le queda un largo trecho para acercarse si quiera al clásico vivo que es Eastwood- contentará a los todavía amantes de las pelis del oeste. A los demás, lamentablemente, será difícil atraerlos a las salas.
Puntuación: *** (No lo lamentará).
Lo mejor: Los diálogos entre Mortensen y Harris, a veces un prodigio de parquedad.
Lo peor: El papel de Zellwegger, altamente antipático.