martes, 3 de noviembre de 2009

Con Woody, la cosa casi siempre funciona


Es la última comedia de Woody Allen una excelente noticia por varias razones. La primera y más básica porque se trata de una excelente comedia, que reconcilia al espectador con el género y la carcajada. Esto no es baladí porque nos estamos malacostumbrando a calificar de comedias a films que no consiguen hacernos reir, lo cual es el fin principal de una comedia. Y no basta con una sonrisa o media carcajada: la buena comedia debe tener gags o diálogos que provoquen una convulsión en el estómago y que nos hagan reir con ganas. Si la cosa funciona, la última función de Allen, lo consigue. La segunda razón obedece a la recuperación por una parte de los escenarios neoyorkinos por parte de Allen, que le han permitido realizar algunas de sus mejores films, y por otra parte y más en general, a la recuperación del buen tono cómico del propio Allen, cuyos últimos films europeos habían hecho flaquear ligeramente su filmografía. A la espera de Banderas y Hopkins, Allen ha pergeñado un excelente film coral en torno a Larry David y a una encantadora Eva Rachel Wood, que pese a bordar su papel no puede evitar que su historia con el gruñon David flaquee por increible. La transformación de los padres de Wood en la función es tan desternillante que tampoco importa su inverosimilitud. Estas libertades que se toma Allen -¿quien dijo que un film tienen que ser realista- no obstaculizan la vis cómica del plantel, con excelentes secundarios como mandan los canones de Allen. Un film excelente que no llega a obra maestra pero que deja con muy buen sabor de boca.
Calificación: ***. La falta guión para tener otra estrella.
Lo mejor: David y los padres de Wood.
Lo peor. Nadie se cree el matrimonio de los protagonistas. Un final feliz algo insulso.

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