viernes, 1 de mayo de 2009

Toda la carne al asador

¿Quién dijo que el cine español estaba muerto? Durante varias semanas Mentiras y gordas ha estado en el número uno de la taquilla y esta semana la sustituye Fuga de cerebros, que pasó con gran éxito de público por el Festival de Cine Español de Málaga. También resiste en el Top Ten la simpática Al final del camino, así que quizás los directores se están dando cuenta de que además de sofisticados dramas tipo Almodóvar (quien por cierto según crítica y público ha patinado en su última aventura fílmica), los espectadores quieren nuevas tramas, gente joven y actores con gancho, a ser posible provinientes de la televisión. La última película del támdem Albacete-Menkes ha conseguido atraer de forma masiva a las salas a un público que hasta ahora huía del cine español como de la peste: el adolescente. Y lo ha hecho con los tres temas que más preocupan a los jóvenes con picores: el amor, el sexo y las drogas. De todo eso hay mucho en Mentiras y gordas, la mayor reunión de actores y actrices jóvenes de la tele que se haya visto en la pantalla grande. La apuesta era arriesgada y les ha salido bien porque, visto lo visto, la película tiene muy poquito que ofrecer. Suerte de documental sobre una típica localidad costera en vacaciones llena de pastilleros y jovencitos locos por meterse mano, Mentiras y gordas no pasará a la historia por su guión, ni por sus interpretaciones, ni por su fotografía, sino por haber vislumbrado una tercera vía para la industria española. Aquella que, salvando las distancias, ya descubrió George Lucas a finales de los 70: el enorme potencial adolescente y del boca a boca para llenar salas. En este caso los espectadores no van a ver una historia, van a ver a sus actores y actrices favoritas meterse mano. Y con razón: Ana de Armas es guapísima, y lo mismo puede decirse del resto del elenco, para ambos sexos. A veces, algunas películas no necesitan justificación, se justifican por sus logros. Mentiras y gordas es una de ellas. Bienvenida.
Calificación:*** Por su arriesgada apuesta.
Lo mejor: Tiene claro sus bazas y las juega.
Lo peor: es el no-cine, sin guión, sin historia y jugando las cartas sentimentaloides. 

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