Apunten este nombre: Tomas Alfredson. Es el director sueco de uno de los mejores films que he visto este año: Déjame entrar. Repescado en la cartelera gracias a las buenísimas (y justificadas) críticas, además del boca a boca, esta gélida fabula, auténtico Cuento de Invierno, a caballo entre el terror menos sofisticado y una hermosísima historia de amor, seduce al espectador con las armas menos estruendosas. Diametralmente opuesto al cine de terror al uso made in Hollywood, Alfredson se muestra casi minimalista, empezando por unos títulos de créditos sobre fondo negro que resultan un anticipo de lo que nos viene encima: escenas que dan auténtico miedo desde una perspectiva absolutamente realista y cercana. Incluso los aspectos más cercanos al fantástico y a la mitología vampírica (esa invitación necesaria para poder entrar en las habitaciones) resultan casi congruentes con una historia que pasa de ser sumamente sombría y pesimista (ese mac guffin de la violencia en las escuelas) a iluminarse con una historia de amor que podría llamarse "interespecies" y que pese a la frialdad del paisaje consigue que una niña sedienta de sangre nos provoque ternura y lástima, además de miedo. Con escenas absolutamente memorables (el hospital, la piscina) y un final digno de los mejores guionistas, Déjame entrar se ha ganado un puesto entre los films absolutamente necesarios para el cine europeo y mundial. En este caso la economía de medios y el ascetismo se convierten en virtudes y nunca fue más verdad que da mucho más miedo lo que se sugiere que lo que se ve. El film tampoco esconde escenas absolutamente inquietantes ni renuncia a un cierto toque gore (el efecto desasosegante que produce la sangre no tiene equivalente en pantalla), pero jamás cae en el mal gusto. Resulta dificilísimo encontrarle peros al film (quizás una cierta tendencia a la repetición de planos, y un guión algo previsible en algún tramo, fallos todos muy menores ante la grandeza del resultado). Y acertadísima la crítica de Travers en Rolling Stone: "Véanla antes de que alguien haga un remake y la estropee". Y que decir de las interpretaciones: Leandersson da una lección y destrona a Kirsten Dust del trono de niñas vampiro. A destacar también el sombrío panorama ofrecido sobre una ciudad sueca sin identificar, muy en la línea de la nueva literatura sueca que encabeza Mankell. Toda la película parece destilar el mensaje de que el sueño nórdico del estado del bienestar es un espejismo y ha terminado.Calificación: ***** No es exagerado. Debe considerarse un nuevo clásico moderno.
Lo mejor: Su propia existencia al margen del terror comercial y adocenado de Hollywood.
Lo peor: Que pierda público por su origen nórdico.
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