
Hay que dejar una cosa clara antes de ver El imaginario del doctor Parnassus: no es un film para todo el mundo. La fértil imaginación del ex Monthy Phyton Terry Gilliam, autor de Doce monos o las aventuras del Barón Munchausen, provoca que su imaginario -no es casual el nombre utilizado en el título- sea el cauce que utiliza con una herramienta, el celuloide, que con la tecnología actual permite plasmar los sueños de manera más vívida que cualquier otro arte. Algo que sabe muy bien por ejemplo George Lucas, y que pudo aplicar en el Episodio I, recreando mundos que sólo existen en su imaginación. En este sentido Parnassus tiene más que ver con Munchausen que con 12 monos o El rey pescador. Gilliam ha confesado que le gusta usar a locos o niños en sus peliculas porque son los que considera más auténticos. En este caso, el cineasta se vale de un casi irreconocible Christopher Plummer (el capitán Von Trapp de Sonrisas y Lágrimas, su papel más recordado), para conducir la historia hacia un actor en estado de gracia: Heath Ledger, en su papel póstumo y que le podría valer una segunda nominación también póstuma tras lograr el premio por su Joker en El Caballero Oscuro. Pero las actuaciones aquí, siendo magníficas, no hacen sino resaltar las dos grandes cualidades del film: un excelente guión al servicio de la fértil imaginación de Gilliam, y un diseño de producción excelente, cuajado de inteligentes efectos especiales, que en ocasiones rozan el surrealismo. Con influencias de Más allá de los sueños, la historia de Gilliam, sin ser totalmente original, consigue enganchar completamente al espectador y le deja con la boca abierta ante los recursos escenicos desplegados. Reconocer también el buen papel de la modelo Lily Cole, actriz casi amateur en su primer papel profesional, y que no desentona del resto del estupendo elenco. Si no fuera por el carácter excéntrico e independiente de Gilliam, este film debería con toda justicia optar a los Óscar en las categorías (al menos) de guión original, diseño de producción, efectos especiales, maquillaje, película, dirección y actor principal (Plummer) y secundario (Ledger). La cruda realidad los volverá a dejar fuera, pero para mi, se trata de una de las cinco mejores películas que he visto este año, digna de ser un clásico instantáneo.
Calificación: **** y 1/2. Le falta algo para ser obra maestra.
Lo mejor: La valentía de Gilliam y el que la acabara pese a la muerte de Ledger,Lo peor: Su heterodoxia puede asustar al público convencional.
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