La saga Crepúsculo se ha convertido en la sucesora de Harry Potter en lo que se refiere al favor del público norteamericano, y por extensión mundial y en lo que tiene que ver con la literatura de fantasía. Pero este fenómeno de masas cuenta con un público diferente: hordas de adolescentes e incluso madres atraídas por la figura legendaria del chupasangres, aquí actualizado y estilizado en una versión 2.0 propia de esta era de Facebook, gimnasio y cuerpos danone. La mormona Meyer, creadora literaria de la saga, como en su día hizo la autora de Potter, ha encontrado un filón en esta historia de fantasía de amores imposibles y de criaturas semidivinas que se alimentan de sangre, pero cuya alimentación apenas vislumbramos: es el triunfo de la mojigatería norteamericana del amor puro y sublimado, totalmente casto. Toda la tensión sexual se concentra precisamente en la falta de sexo de los protagonistas, empeñados en sufrir y separarse. Entra ahí la figura del hombre lobo, machote y viril leñador que se pelea contra los andróginos chupasangres. Es por tanto un film de exquisita factura, como ya demostró Weitz en la injustamente denostada La brújula dorada, que sin embargo no deja poso y se apoya en un tramposo final a la espera de siguientes entregas. Crepúsculo: Luna nueva es un film que no debe dejar de verse pero que cuenta con una lastimosa caducidad mientras se factura la adaptación del siguiente libro, algo que ya sentimos con el último film de Harry Potter.
Calificación: *** Y gracias.
Lo mejor: Su factura estilizada y la tragedia que rezuman todos los personajes.
Lo peor: Su provisionalidad, es un film puente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario