miércoles, 23 de marzo de 2016

Cien años de sindiós

Unas líneas dedicadas al nuevo film de Daniel Calparsoro, indecentemente propocionado por Mediaset como la nueva bomba del cine español.

Y digo indecentemente porque es vergonzoso que a través de estas brutales campañas de marketing se dé tanta visibilidad a un solo film español para hacer otro taquillazo tipo 8 apellidos vascos y luego haya tanta obra de arte que languidece en cuatro salas porque no ha tenido publicidad y nadie ha sabido de su existencia. Vaya por delante que levantar tantas expectativas con una película puede ser contraproducente y el batacazo, no en la taquilla, si no en el boca a boca del espectador, pueder ser ruinoso.

No quiero hablar de este film desde el rencor o conseguir que alguien deje de verla por una falsa idea de que me ha decepcionado. POR FAVOR ID A VERLA, hay que levantar al cine español y cuantas más personas vean 8 apellidos catalanes, El pregón o Kiki el amor se hace, más contribuiremos a que se realicen más películas en habla hispana. Pero tampoco contaré maravillas de un film que bebe muy evidentemente de otras películas de robos imposibles a bancos -me vienen a la mente hasta tres films americanos con rehenes y un botín que es más de lo que parece- y que se apoya en exceso en el carisma de sus actores. No entraré en su guión de máxima actualidad y que quiere ser pionero en nuestro cine en hablar de la corrupción entre las más altas instancias de la política y del Gobierno. Sí puedo contar que el film da menos de lo que ofrecía su marketing y que se salva por el buen oficio de sus intérpretes, con un Arévalo algo fuera de juego al salir de la comedia y un Tosar que eleva el nivel de la función. En su contra, los estúpidos personajes secundarios y ese afán de meter con calzador a actores venidos de la televisión, con todo mi respeto para estos intérpretes, que parecen colocados solo para que digamos "¿ese no es el de El Barco?".

Cojea en algunos momentos y llega a ser previsible aunque se ve con agrado y supone un punto de inflexión en lo que a industrializar nuestro cine -en la parte negativa del abuso publicitario- se refiere. Me quedo con que Calparsoro aprenda de los errores y vuelva a un cine menos comercial, pero más auténtico.

1 comentario:

Unknown dijo...

Totalmente contigo. Se hace mucha campaña de ciertas películas y otras que realmente las merecen, quedan un poco en segundo plano, sabiendo lo que le cuesta tirar hacia adelante al cine español. Yo no soy mucho de cine de nuestro país, gracias a Almodovar y algunos directores de esa clase, pero es cierto que en los últimos años se están rodando buenas películas y de calidad.